For Immediate Release
Office of the Press Secretary
18 de diciembre de 2005
Discurso Radial del Presidente a la Nación
The Oval Office
9:01 P.M. EST
EL PRESIDENTE: Buenas noches. Hace tres días, muchísimos iraquíes
acudieron a las urnas para elegir a sus propios líderes, un día histórico
en la historia de la libertad. Durante las próximas semanas, se contarán
los votos, se constituirá un nuevo gobierno y un pueblo que ha sufrido
tanto tiempo bajo la tiranía pasará a ser un miembro pleno del mundo libre.
Estas elecciones no significarán el fin de la violencia. Pero es el
inicio de algo nuevo: la democracia constitucional en el centro del Medio
Oriente. Y este voto -a 6,000 millas, en una región vital del mundo-
significa que Estados Unidos cuenta con un aliado cada vez más fuerte en la
lucha contra el terrorismo.
Todos aquéllos que tomaron parte en este logro -los iraquíes, y los
estadounidenses y nuestros aliados en la coalición- pueden sentirse
orgullosos. Sin embargo, nuestra labor no ha concluido. Hay más pruebas y
sacrificios ante nosotros. Sé que muchos estadounidenses tienen preguntas
acerca del costo y el rumbo de esta guerra. Entonces, esta noche deseo
hablarles sobre cuán lejos hemos llegado en Iraq y sobre el camino por
delante.
Desde este despacho, hace casi tres años, anuncié el inicio de las
operaciones militares en Iraq. Nuestra coalición enfrentó a un régimen que
desafió las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas,
violó un acuerdo de cese del fuego, patrocinó el terrorismo y poseía, según
creíamos, armas de destrucción masiva. Después de la veloz caída de Bagdad,
descubrimos fosas comunes llenadas por un dictador; encontramos cierta
capacidad de reiniciar programas para producir armas de destrucción masiva,
pero no encontramos dichas armas.
Es cierto que Sadam Husein tenía una trayectoria de obtener y usar armas
de destrucción masiva. Es cierto que escondía estos programas
sistemáticamente y bloqueaba la labor de los inspectores de armamentos de
la ONU. Es cierto que muchas naciones creían que Sadam tenía armas de
destrucción masiva. Pero gran parte de la información resultó ser inexacta.
Como su Presidente, soy responsable por la decisión de entrar a Iraq. Sin
embargo, fue lo correcto derrocar a Sadam Husein del poder.
Se le dio un ultimátum. y él tomó una decisión a favor de la guerra. Y
el resultado de esa guerra fue librar. al mundo de un dictador asesino que
amenazaba a su pueblo, invadió a sus vecinos y declaró a Estados Unidos su
enemigo. Sadam Husein, capturado y encarcelado, aún es un tirano rabioso,
sólo que ahora sin un trono. Ha desaparecido para siempre su poder de
hacerle daño a un solo hombre, mujer o niño. Y el mundo es mejor debido a
ello.
Desde el derrocamiento de Sadam, esta guerra, como otras guerras en
nuestra historia, ha sido difícil. La misión de los soldados
estadounidenses en los ataques en las ciudades y rondas en el desierto,
luchando contra partidarios de Sadam y terroristas extranjeros, ha
resultado en peligros y sufrimiento y pérdidas. Éstas han hecho que toda la
nación se aflija.y han hecho que algunos se pregunten si estamos creando
más problemas de los que estamos resolviendo.
Esa es una pregunta importante, y la respuesta depende de su punto de
vista sobre la guerra contra el terrorismo. Si piensa que los terroristas
pasarían a ser pacíficos si tan solo Estados Unidos dejase de incitarlos,
entonces tendría sentido dejarlos tranquilos.
Esa no es la amenaza que yo veo. Veo un movimiento terrorista mundial
que explota el islamismo para beneficio de objetivos políticos radicales.
una visión en la que se queman libros, se oprime a las mujeres y se acalla
el disentimiento. Los agentes terroristas realizan su campaña de asesinatos
con un conjunto de objetivos específicos y declarados: desanimar a las
naciones libres, sacarlas del Medio Oriente, para expandir un imperio de
temor en toda esa región y librar una guerra perpetua contra Estados Unidos
y nuestros amigos. Estos terroristas ven al mundo como un campo gigantesco
de batalla, y procuran atacarnos dondequiera que puedan. Esto ha atraído a
al Qaida a Iraq, donde está tratando de asustar e intimidar a Estados
Unidos para que adopte una política de repliegue.
Los terroristas no sólo tienen objeciones sobre la acción de Estados
Unidos en Iraq y en otros lugares; objetan sobre nuestros valores más
arraigados y nuestra forma de vida. Y si no estuviésemos combatiéndolos en
Iraq, en Afganistán, en el sudeste de Asia y en otros lugares, los
terroristas no serían ciudadanos pacíficos; estarían a la ofensiva y camino
aquí.
El 11 de septiembre de 2001 requirió que tomásemos muy seriamente cada
amenaza que surgía contra nuestro país y destrozó la ilusión de que los
terroristas atacaban solamente cuando eran incitados a ello. Ese día, no
estábamos en Iraq, no estábamos en Afganistán, pero los terroristas nos
atacaron de todos modos. y mataron a casi 3,000 hombres, mujeres y niños en
nuestro propio país. Estoy convencido de esto: No creamos terrorismo al
luchar contra los terroristas. Invitamos el terrorismo al ignorarlos. Y
venceremos a los terroristas al capturarlos y matarlos en el extranjero,
eliminar sus santuarios y reforzando a aliados nuevos como Iraq y
Afganistán en nuestra lucha compartida.
El trabajo en Iraq ha sido particularmente difícil. más difícil de lo
que esperábamos. Los esfuerzos de reconstrucción y entrenamiento de las
fuerzas de seguridad de Iraq comenzaron más lentamente de lo que
esperábamos. Continuaremos viendo violencia y sufrimiento, causados por un
enemigo que es resoluto y brutal, para quien la conciencia y las reglas de
la guerra no presentan trabas.
Hay quienes ven los desafíos en Iraq y concluyen que se ha perdido la
guerra, y no vale un solo centavo o día más. No lo creo. Nuestros
comandantes militares no creen en eso. Nuestros soldados en el terreno, que
tienen la responsabilidad y hacen los sacrificios, no creen que Estados
Unidos haya perdido. Ni siquiera los terroristas lo creen. Sabemos, gracias
a sus propias comunicaciones, que se sienten cada vez más amenazados, y
temen el surgimiento de un Iraq democrático.
Los terroristas continuarán teniendo el poder de los cobardes de colocar
bombas a lo largo de los caminos y reclutar a agresores suicidas. Y ustedes
seguirán viendo los lúgubres resultados en las noticias vespertinas. Esto
prueba que la guerra es difícil; no significa que estamos perdiendo. Detrás
de las imágenes de caos que los terroristas crean para las cámaras, estamos
alcanzando logros firmes con un objetivo claro a la vista.
Estados Unidos, nuestra coalición y los líderes de Iraq están trabajando
con el mismo objetivo: un Iraq democrático que pueda defenderse a sí mismo,
que nunca más sea un refugio para los terroristas y que sea un modelo de
libertad para el Medio Oriente.
Hemos implementado una estrategia para lograr este objetivo; una
estrategia de la cual he estado hablando detalladamente durante las últimas
semanas. Este plan tiene tres elementos críticos.
En primer lugar, nuestra coalición seguirá a la ofensiva, encontrando y
librándonos del enemigo, transfiriendo control de más territorio a unidades
iraquíes y aumentando las filas de las fuerzas de seguridad de Iraq para
que puedan, cada vez más, dirigir la lucha. Para estos tiempos hace un año,
había apenas unos cuantos batallones del Ejército y la policía listos para
el combate. Ahora, más de 125 batallones de combate de Iraq luchan contra
el enemigo, más de 50 están tomando la delantera, y hemos transferido más
de una docena de bases militares al control de Iraq.
En segundo lugar, estamos ayudando al gobierno de Iraq a establecer las
instituciones de una democracia unificada y perdurable, en la que todos los
iraquíes son incluidos y están representados. Las noticias al respecto
también son alentadoras. Hace tres días, más de 10 millones de iraquíes
votaron, entre ellos muchos iraquíes sunitas que habían boicoteado las
elecciones nacionales del pasado enero. Iraquíes de todos los orígenes
reconocen que la democracia es el futuro del país que aman y quieren que se
les escuche. Un iraquí, después de meter el dedo en la tinta púrpura al
emitir su voto, levantó el dedo y dijo: "Esta es una espina ante los ojos
de los terroristas". A otro votante se le preguntó, "¿Es usted sunita o
chiíta?" Y respondió, "Soy iraquí".
En tercer lugar, después de una serie de reveses, nuestra coalición
avanza con el plan de reconstrucción para revitalizar la economía e
infraestructura de Iraq, y para generar más confianza entre los iraquíes de
que una vida libre será una vida mejor. Hoy en Iraq, siete de cada 10
iraquíes dicen que sus vidas van bien, y casi dos tercios esperan que las
cosas mejoren incluso más el próximo año. A pesar de la violencia, los
iraquíes están optimistas, y ese optimismo está justificado.
En todos los tres aspectos de nuestra estrategia -seguridad, democracia,
y reconstrucción- hemos aprendido gracias a nuestras experiencias y
solucionado lo que no ha funcionado. Continuaremos escuchando las críticas
sinceras y haremos todos los cambios que nos ayuden a concluir la misión.
Sin embargo, existe una diferencia entre los críticos sinceros que
reconocen lo que va mal y los derrotistas que rehúsan ver cualquier cosa
que esté bien.
El derrotismo quizá tenga algunos partidistas, pero no está justificado
por los hechos. Por cada escena de destrucción en Iraq, hay más escenas de
reconstrucción y esperanza. Por cada vida que se pierde, se reclaman
innumerables vidas. Y por cada terrorista que se dedica a detener la
libertad en Iraq, hay muchísimos más iraquíes y estadounidenses que
colaboran para vencerlos. Mis conciudadanos: No sólo podemos ganar la
guerra en Iraq, sino que estamos ganando la guerra en Iraq.
También es importante que cada estadounidense comprenda las
consecuencias de salir de Iraq antes de que nuestra labor concluya.
Abandonaríamos a nuestros amigos iraquíes y enviaríamos una señal al mundo
de que no se puede confiar con que Estados Unidos cumpla con su palabra.
Menoscabaríamos el ánimo de nuestros soldados al traicionar la causa por la
cual se han sacrificado. Causaríamos que los tiranos en el Medio Oriente se
rían sobre nuestra determinación fallida y aumenten la represión.
Entregaríamos Iraq a enemigos que han prometido atacarnos, y el movimiento
terrorista mundial estaría más animado y sería más peligroso que nunca
antes. Retirarse antes de la victoria sería un acto de imprudencia y un
deshonor, y no lo permitiré.
Se aproxima un año nuevo, y hay ciertas cosas que todos los
estadounidenses esperan ver. Veremos más sacrificio, de parte de nuestros
militares, sus familias y el pueblo de Iraq. Veremos un esfuerzo concertado
por mejorar las fuerzas policiales de Iraq y combatir la corrupción.
Veremos a los militares iraquíes tener más fuerza y confianza, y al proceso
democrático avanzar. En la medida que se alcancen dichos logros, serán
necesarios menos soldados estadounidenses para lograr nuestra misión.
Tomaré decisiones sobre las tropas fundamentadas en el progreso que veamos
en el terreno y la asesoría de nuestros líderes militares, no en base a
plazos artificiales fijados por políticos en Washington. Nuestras fuerzas
en Iraq están camino a la victoria, y ese es el camino que las llevará a
casa.
En los próximos meses, todos los estadounidenses tendrán parte en el
éxito de esta guerra. Los miembros del Congreso deberán proporcionar
recursos para nuestros militares. Nuestros hombres y mujeres que llevan el
uniforme, que ya han hecho tanto, continuarán su labor valiente y urgente.
Y esta noche, les pido a todos ustedes que escuchan, que consideren
detenidamente lo que está en juego en esta guerra para que se den cuenta de
qué tan lejos hemos llegado y el bien que estamos haciendo, y que tengan
paciencia en esta causa difícil, noble y necesaria.
También quiero dirigirme a aquéllos de ustedes que no respaldaron mi
decisión de enviar tropas a Iraq: He escuchado su discordancia y sé cuán
profunda es. Sin embargo, existen ahora solamente dos opciones para nuestro
país: la victoria o la derrota. Y la necesidad de la victoria es mayor que
cualquier Presidente o partido político, porque la seguridad de nuestro
pueblo está en juego. No espero que respalden todo lo que haga, pero esta
noche tengo una solicitud: No caigan en la desesperación ni renuncien a
esta lucha por la libertad.
Los estadounidenses también pueden esperar ciertas cosas de mí. Mi
responsabilidad más solemne es proteger a nuestra nación, y eso requiere
que tome ciertas decisiones difíciles. Veo las consecuencias de esas
decisiones cuando conozco a militares heridos que no pueden dejar sus camas
de hospital, pero logran tener la fuerza para mirarme a los ojos y decir
que lo volverían a hacer. Veo las consecuencias cuando hablo con padres que
extrañan tanto a un hijo. pero que me dicen que le encantaba ser soldado,
creía en esta misión y, señor Presidente, concluya con la labor.
Sé que algunas de mis decisiones han llevado a pérdidas terribles. y ni
una de esas decisiones fue tomada a la ligera. Sé que esta guerra es
polémica. sin embargo, ser su Presidente requiere hacer lo que considero
que es lo correcto y aceptar las consecuencias. Y nunca he tenido más
certeza de que los actos de Estados Unidos en Iraq son esenciales para la
seguridad de nuestros ciudadanos, y sentaré las bases de la paz para
nuestros hijos y nietos.
La próxima semana, los estadounidenses se reunirán para celebrar la
Navidad y Jánuca. Muchas familias rezarán por sus seres queridos que
pasarán estas fiestas lejos de casa: en Iraq, Afganistán y otros lugares
peligrosos. Nuestra nación reza con ellos. Oramos por la seguridad y fuerza
de nuestros soldados. Confiamos con ellos en un amor que conquista todo
temor, en una luz que llega a los rincones más recónditos de la Tierra. Y
recordamos las palabras del villancico escrito durante la Guerra Civil:
"Dios no está muerto, ni duerme; el mal fracasará, el bien prevalecerá, con
paz en la Tierra, buena voluntad para los hombres".
Gracias y buenas noches.
END 9:18 P.M. EST
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